lunes, 13 de agosto de 2007

¡Arrivederci, famiglia!

Me tomo vacaciones blogueras el resto del mes. A la vuelta, en Septiembre, todo volverá a la normalidad por aquí: rollos sobre Oscar y los victorianos, más dibujos raros, cubiertas normales... e incluso subiré textos y dibujos sobre el comic en el que estoy trabajando, ese de un tal Dorian Gray.
Para que el adiós sea de lo más peliculero, añado música de fondo: Con todos ustedes, el hit del verano en este su blog:


Sergio Pángaro, cantante de Baccarat:
"No soy un dandy porque necesito trabajar para asegurarme mi manutención. Me da la sensación de que hay un imaginario alrededor del dandy, que sería algo así como Isidoro Cañones, según el imaginario popular, y no me considero un dandy en ese sentido. Quizá me gustaría ser un dandy al estilo de Oscar Wilde."

Pero si alguien prefiere que le canten un tebeo, su video es este otro:


¡Y a bailar lo que queda de verano!

miércoles, 8 de agosto de 2007

Frases y filosofías para uso de la juventud

Sólo los grandes maestros del estilo consiguen ser incomprensibles

lunes, 6 de agosto de 2007

Bill Sienkiewicz, o memorias de un fan ingrato.





Todo el mundo ha tenido en su adolescencia o juventud algún ídolo musical o deportivo, cuya grandeza se alimentaba fundamentalmente de la pregunta Pero ¿cómo lo hace?. De ahí la admiración por algunos "magos de la guitarra" o por la técnica de algunos directores de cine, por ejemplo. Y es que, me temo, mi historia como fan de Sienkiewicz es muy parecida a la de un seguidor de Prince durante los 80: una admiración sin límite que, con el paso del tiempo, se ha vuelto indiferencia. Bueno, les sigo admirando de forma retroactiva, pero no me interesa NADA lo que hacen ahora. Es más, ambos se han quedado estancados en la fusión de conceptos y estilos que les dio la fama, fusión posmoderna y fascinante entonces, pero de lo más hortera e inútil hoy.

Y, claro, cada vez que veo o escucho sus nuevos trabajos, que me parecen patéticos, no dejo de preguntarme ¿qué ha pasado? ¿dónde está la magia? ¿La han perdido ellos o la he perdido yo?


Para alguien que no viviera la publicación del Electra: Assassin, con guión de Miller, o escuchado el Parade en su momento, 1986, es muy difícil comprender el impacto que estos dos artistas tuvieron en toda una generación. Y en algún que otro historietista de por aquí, como Fernando de Felipe, que llegó a dibujar una historieta situada en un futuro cercano donde la tumba de Prince era lugar de peregrinaje para miles de creyentes... en el mensaje de su legado artístico. Hoy es un mal chiste, pero entonces, lo juro, parecía posible.

Lo más importante, para mí, era que su arte transmitía que el talento no tenía límites. Así que podías pintar comics en lugar de dibujarlos y demostrar, de paso, que el expresionismo y el arte naïf podían convivir entre viñeta y viñeta sin dejar de contar una misma historia (¡ja!). O demostrar que el funky setentero era muy mejorable fusionándolo con algo de pop blanco (¡ja! también).
















También parecía que Sienkiewicz era capaz de cualquier cosa; Bill demostró que todos los fuegos de artificio en que los ilustradores americanos de los 70 convirtieron la rica tradición heredada de Maxfield Parrish, NC Wyeth o Howard Pyle, podían trasladarse al comic, mezclados con el punto justo de art noveau y expresionismo europeo. Vamos, que lo más característico del arte de la ilustración podía servir para contar historias. Cuatro novelas gráficas (Electra: Assassin, Daredevil: Love and War, Stray Toasters y Brought to Light) fueron suficientes para que la crítica se rindiera a sus pies por su fusión del arte europeo y el comic americano, y para pasar por el artista más original y excéntrico de Marvel y trabajar con los mejores guionistas del momento.

Hay que liberar a los personajes de la línea negra que los limita, decía Bill, mientras dibujaba historietas "como le daba la gana".
Y otros, quizá con menos talento, pero con más personalidad e inteligencia lo oyeron: Dave McKean recogió claramente su testigo, hizo su Stray Toasters particular, Cages, y se convirtió en el artista multidisciplinar y todavía interesante que es hoy en día. Kent Williams demostró una mayor sobriedad y disciplina dibujando cómics. Simon Bisley se quedó con sus tics más divertidos para Lobo. George Pratt se interesó por la segunda guerra mundial y el blues. Y muchos otros ilustradores y portadistas se vieron influenciados por maestro. Y casi todos ellos aportan más originalidad que el propio Bill.


El gran problema es que Sienkiewicz no tenía, ni tiene, nada que contar (excepto en Stray Toasters, que me sigue pareciendo una auténtica genialidad). Su única motivación es asombrar al personal. Al principio, su mensaje fue Mirad, se dibujar como Neal Adams para pasar al adoradme; ahora pinto y conozco a Egon Schiele y vosotros no. Por eso, en cuanto otros artistas se hicieron con su fórmula (ilustrar, en lugar de dibujar) Bill desapareció de la primera división de comic americano. Su evolución hacia algo más personal que un mero pastiche de estilos era imposible: en circunstancias normales, la tendencia de un artista es a la simplificación, a eliminar el ruido; los detalles supérfluos. La finalidad es quedarse con lo esencial, un solo trazo si es posible. Algo que no está al alcance para quien, como Bill, no construye su dibujo y sólo lo adorna con abalorios hechos por otros.




Paradójicamente, el estilo más característico de Sienkiewicz (una suerte de interpretación abocetada de todo lo aprendido) aparece dibujando comics, justo cuando debería contar más. Sus dibujos de apariencia más espontánea y caricaturesca parecen más auténticos, aunque sigan sin estar al servicio de ninguna narrativa. Pero, como él mismo cuenta, sigue ocurriendo que cuando alguien ve hoy un nuevo trabajo suyo dice "anda, el tipo que dibuja como Bisley o que hace portadas a lo McKean." Y es que así es.


En Psicosis, Norman Bates se lleva la mano a la boca para ahogar la náusea al encontrar el cadaver de Marion Crane. En Psicosis III, es Anthony Perkins quien repite el mismo gesto de forma mecánica y sin emoción alguna de cara a la galería. Eso es lo que hace Bill con los artistas a los que homenajea sin cesar: su amaneramiento formal, ahogado en referencias, ha acabado con el artista original y creativo que alguna vez pudo ser, a juzgar por su potencial habilidad como dibujante.




Gente como Sfar o Guibert son los que nos demuestran hoy que todo es posible en el comic, tipos como Craig Mullins pintan mejor las fotos, y Max o Uesugi son ilustradores mucho más cool. Nicolas DeCrecy o Mattotti son un ilustradores/pintores/dibujantes que pintan contando o cuentan pintando de forma ejemplar. Veteranos como Corben o Miller mantienen su garra como historietistas sin necesidad de demasiada perfección formal. Pero Bill pasó a la historia... a falta de revisar su último sketchbook (si aún los dibuja).



Aunque no lo parezca, sólo las dos últimas imágenes son de Bill Sienkiewicz. El resto son obra de sus maestros. De arriba a abajo: Bob Peak, Neal Adams, Mark English, Bernie Fuchs, Barron Storey y Ralph Steadman. Se pueden añadir más, como David Levine, Brad Holland, Burt Silverman o Skip Liepke. Gente que demostró su talento como ilustradores y dibujantes una década o dos antes de que Bill se maquillara con sus mismas pinturas.

(Posteo esto porque Ferrán Delgado está de vacaciones. Dedicado a Félix, Pep , Cachalote y Entrecómics.)

viernes, 3 de agosto de 2007

La duquesa de Padua. Acto segundo

El mundo es un camposanto, y cada uno de nosotros, como un ataúd, lleva dentro de sí un esqueleto

jueves, 2 de agosto de 2007

Una mujer sin importancia. Acto tercero

No te vuelvas completamente perfecto en un instante. Hazlo gradualmente

miércoles, 1 de agosto de 2007

Frases y filosofías para uso de la juventud

La ambición es el último refugio del fracaso