jueves, 31 de enero de 2008

Hellraiser, sin acritud



Hellraiser, aunque cueste creerlo para los que vimos la peli original el día de su estreno, se ha convertido una franquicia de lo más saludable: ya cuenta con ocho películas, decenas de historietas y miles de muñequitos. La razón de su éxito es, quizá, que en el año 87, Hellraiser supuso un reencuentro con un cine de terror más o menos "serio" devastado entonces por la presencia de Jason, Freddy, Leatherface y demás simpáticos personajes. El escritor del cuento corto The Hellbound Heart, Clive Barker (que aún no había salido del armario, pero ya era famoso como novelista apadrinado por Stephen King) decidió debutar como director de cine adaptando su propia obra. Vistió a sus criaturas, los cenobitas, de inquisidores sadomasoquistas y, con un presupuesto ridículo, consiguió llegar al corazón y a las tripas de miles de seguidores.



Creo que fue poco después de que se lanzara directamente en vídeo Hellraiser VI: Hellseeker (2002), un editor y amigo me encargó cuatro ilustraciones para utilizarlas como portadas de una selección de historietas inspiradas en los personajes de la saga. Por aquel entonces, esos personajes ya me parecían piezas de museo de lo más risible. Y así los dibujé: como objetos museables. Pinhead se convirtió en una escultura de corte clásico y, además, decidió emular a Marilyn en una foto de su célebre calendario. Una cenobita forma parte de una colección de mariposas, y una niña que salía en alguna de las películas (no quiero recordar cuál) posa entre un muñeco de Shin Chan y un osito con publicidad en su camiseta.

Cosas que pasan.

martes, 29 de enero de 2008

Fantasmas

Esta es una ilustración que, en su momento, fue rechazada como cubierta. Pero cada vez que veo al tipo que la protagoniza con su jarra de cerveza entre las manos y soportando, con esa dignidad, la visita de los extraños seres que le rodean... me da la risa. Es mi héroe.

domingo, 27 de enero de 2008

Monk


Monk es una serie de televisión basada en una de las fórmulas más viejas de la historia del medio: el detective que resuelve un caso por episodio. No es friki, ni transgresora, ni pretende hacer historia. Puede parecer, incluso, un producto anticuado para tiempos en los que las tramas de continuidad son sagradas (por las que un personaje bueno se convierte en uno muy malo en tres temporadas, y todo el mundo aplaude), o en las que la palabra destino guía a todos los personajes durante capítulos y capítulos hacia... la nada. Es como si, para el creador de Monk, Andy Breckman, nunca ha existido la HBO, ni David Lynch, ni Joss Whedon. Parece que jamás ha visto un capítulo de Lost ni de Heroes. Un asco de profesional, vamos.


Pero, pobre hombre, se lo puede permitir. Porque ha parido un personaje de los de verdad, de una pieza, casi perfecto: Adrian Monk. Tony Shalhoub le da vida de forma genial y, solo con eso, logran el milagro: una serie de televisión que, lejos de los productos pedantes y adictivos de la competencia, es divertida, triste y entretenida a partes iguales.



Los detectives con problemas físicos abundan en la historia de las series. Podemos recordar, entre otros, a Ironside en su silla de ruedas, el invidente Longstreet, investigador de una compañía de seguros, o el eterno perdedor Harry O, con una bala alojada en la columna vertebral, por no hablar del enorme Cannon. Pero Adrian Monk es un investigador con problemas psicológicos. Se trata de un ex-detective de la policía de San Francisco quien, tras el asesinato aún sin resolver de su esposa Trudy, se sume en una crisis que exacerba sus manías hasta convertirlas en un grave desorden obsesivo compulsivo, lo que le impide llevar una vida normal por temor a una lista interminable de cosas como los gérmenes, las alturas e incluso la gente -no digamos los dentistas- y su necesidad de orden y simetría. Pronto sabremos que sus múltiples fobias, manías y falta de empatía tienen su origen en la educación que recibió. Su asombrosa memoria fotográfica y sus brillantes deducciones le permiten integrarse socialmente como consultor de la policía, pero eso es todo; a pesar de sus visitas constantes al psiquiatra, o de la ayuda de su asistente, Monk está solo y rodeado de tinieblas, como él mismo dice.


Y creo que ese es el porqué de la capacidad de fascinación del personaje: bajo su disfraz de Rain Man metido a investigador, o de Colombo con (más) problemas mentales, en Adrian Monk habita Drácula. La figura simbólica clásica creada por Bram Stoker para hablar de la fascinación de lo prohibido y la sexualidad reprimida es, en Monk, la clave. Y es que esta sociedad políticamente correcta y globalizada que nos ha tocado vivir no es tan diferente a la sociedad victoriana que engendró personajes como Drácula, Dorian Gray, el Dr. Jekyll o el mismísimo Sherlock Holmes, claro.


Monk, como el vampiro, siente que no está vivo. Está obsesionado con el recuerdo de su amada, que murió hace muchos años y a la que, de alguna forma, le debe sus recuerdos humanos. Sus superpoderes son, como el propio Monk no puede dejar de repetir, su bendición, pero también su maldición. Si los vampiros temen la luz del día, a los crucifijos y al agua bendita, si son -o eran- creyentes, Adrian teme a casi todo lo que se mueva. Y si Drácula necesitaba dormir en tierra de su suelo natal, Monk apenas puede salir de su casa y conservar la calma.


Pero Monk es, ante todo y aunque no lo parezca, una comedia de lo más amable. Pura espuma. Así que nadie espere que el lado más siniestro del personaje se desarrolle jamás. Si la idea hubiera sido de Tim Kring, por ejemplo, el personaje Adrian Monk ya habría evolucionado y, antes de la quinta temporada, sería un sociópata que bebería la sangre de sus víctimas. Monk es idéntico a sí mismo capítulo tras capítulo, por más cosas que nos cuenten del personaje, enriqueciéndolo. Esa es la bendición de la serie. Y su maldición.



lunes, 21 de enero de 2008

The hardcover is coming...



En episodios anteriores: Festín de cuervos en tapa blanda.

jueves, 17 de enero de 2008

A Tale of the Malazan Book of the Fallen





El Libro de gestas de Malaz es una de las mejores sagas de fantasía épica actuales. Su autor, Steven Erikson es un antropólogo y arqueólogo canadiense que ha creado un mundo complejo y original donde desarrollar unos personajes de corte clásico. En el texto de contraportada del primer volumen, publicado por Timun Mas, queda muy claro:

"La política expansiva de la Emperatriz de Malaz ha llevado a sus soldados a vagar por más de un continente. Ahora, tras enfrentarse a Anomander Rake, caudillo de los tiste andii, se perfila en el horizonte lo que promete ser el siguiente objetivo: Darujhistan, última de las Ciudades Libres. Aprovechando un momento de reposo, el sargento Whiskeyjack y su pelotón de Arrasapuentes se disponen a llorar a los muertos. Sin embargo, fuerzas siniestras conspiran dentro y fuera de las sendas mágicas. La ambición de la Emperatriz no conoce límites y los dioses observan cuanto sucede con ánimo de intervenir.
Un punto de partida en mitad de una tormenta es el elegido para iniciar esta épica saga coral. Steven Erikson se propone no dar ni un respiro al lector, porque tanto dentro como fuera del territorio de Malaz nada es lo que parece. Y nadie es lo que parece. ¿O sí?"

El primer libro, Gardens of the moon, funciona como una presentación de ese mundo, y se puede leer de forma autoconclusiva. Timun Mas dividió en dos el tomo original para su publicación en castellano: El último puente y Los Jardines de la luna aparecieron en el 2005. En la actualidad, la saga ya cuenta con 8 títulos, (Gardens of the Moon, Deadhouse Gates, Memories of Ice, House of Chains, Midnight Tides, The Bonehunters, Reaper's Gale, Toll the Hounds, Dust of Dreams y The Crippled God) aunque, lamentablemente, parece que su publicación en España está congelada.

Realicé las cuatro ilustraciones que ves aquí, para sus cuatro primeros títulos. Pero, de momento, no se han publicado. Si eres lector de la saga esto te puede hacer gracia: la editorial y yo acordamos que las ilustraciones fueran protagonizadas por diferentes personajes de cada libro. Así, en la cubierta de El último puente, aparece Anomander Rake y dos dragones. En Los Jardines de la luna, la emperatriz. Para La senda de Manos, elegimos a Sha´ik y el Torbellino, y en el cuarto título incluimos a Icarium y Mappo, "El Trell".
Una de nuestras principales intenciones era dar una unidad temática y estética a las cubiertas; buscar un estilo definido para "marcar" la colección. Quién sabe si lo hemos conseguido... o si algún día podremos hacerlo.

Aquí tienes un artículo sobre la saga y una estupenda entrevista con su autor. Y esta es la web oficial. ¡Larga vida a Malaz!