jueves, 19 de julio de 2007

Vida de Oscar (IV)

En el verano de 1891 Wilde, que entonces tenía 38 años, conoció a un prometedor poeta de 22 llamado Lord Alfred Douglas, Bosie, en una fiesta. Se hicieron muy buenos amigos. Douglas se sintió halagado por el interés que Wilde, ya entonces una figura literaria, mostraba por él. Douglas llamaba a su viejo compañero el más caballeroso amigo en el mundo. Wilde veía en Douglas no sólo un vivo intelecto sino también un joven de un gran atractivo. No escondía su interés en él. Douglas dijo más tarde: "Estaba continuamente pidiendo que comiera y cenara con él y , notas y telegramas." También le envió regalos y le escribió un soneto. Estuvieron juntos en sus respectivas casas, en hoteles y viajaron juntos.
John Sholto Douglas, el Marqués de Queensberry, y padre de Bosie, era un arrogante, malhumorado, excéntrico y quizás incluso desequilibrado mental, noble escocés cuyo mayor logro había sido desarrollar y promover reglas para el boxeo amateur (Normas Queensberry). A principios de 1894 Queensberry llegó a la conclusión que Wilde era muy probablemente homosexual y empezó a exigir a su hijo que dejara de verle. Pero Bosie decidió aprovechar su relación con Oscar para enfurecer a su padre, cosa que le divertía enormemente. Hasta que, un día, Lord Queensberry dejó una nota a uno de los porteros del Albermale Club, al que pertenecían Wilde y su esposa, en la que se leía Para Oscar Wilde interpretando a un "somdomita". Wilde decidió denunciarle por injuria "No veo ahora más opción que un juicio criminal", escribió Oscar. "Toda mi vida parece arruinada por este hombre".
Pero, muy pronto, ese juicio se volvería contra él; el marqués de Queensberry reaccionó acusándole de sodomía con su hijo, Oscar no pudo demostrar lo contrario y la mentalidad homófoba de la época se encargó del resto. Fue encarcelado en 1895.

Una excelente crónica de los juicios contra Oscar Wilde, aquí.


Edward Carson (Abogado de Queensberry), Alfred Wilis (juez) y Edward Clarke (Abogado de Wilde)
El abogado preguntó, "¿Cuál es el "amor que no se atreve a decir su nombre?". La respuesta de Wilde levantó sonoros aplausos y unos pocos silbidos: "’El Amor que no se atreve a decir su nombre’, en este siglo, es parecido al intenso cariño de un adulto por un joven, como fue entre David y Jonathan, como Platón hizo la base de su filosofía, y como encuentras en los sonetos de Miguel Angel y Shakespeare. Es ese cariño profundo y espiritual que es tan puro como perfecto. Dicta e impregna grandes obras de arte como las de Shakespeare o Miguel Angel, y esas dos cartas mías. Es mal interpretado en este siglo, tan mal interpretado que tiene que ser descrito como ‘el Amor que no puede decir su nombre" y a causa de él estoy aquí ahora. Es hermoso es magnífico, es la forma más noble de cariño. No hay nada innatural en él. Es intelectual, y repetidas veces existe entre un adulto y un joven, cuando el adulto tiene intelecto y el joven tiene toda la alegría, esperanza y glamour ante él. Eso sería lo que el mundo no entiende. El mundo se burla de él y a veces pone a alguno en la picota".

Wilde pasó dos años en prisión, los últimos dieciocho meses en Reading. Quedó escarmentado y en la bancarrota pero no amargado. Dijo a un amigo que se "había beneficiado mucho" de su estancia en prisión y dijo estar "avergonzado de haber llevado una vida indigna de un artista". En su “De Profundis”, Oscar dice: "Me convertí en un derrochador de mi genio y malgastar una eterna juventud me produjo una extraña alegría". Después de ser puesto en libertad, Wilde viajó a Europa. Murió el 30 de noviembre de 1900 en París.

“El paseo de los prisioneros”, de Vincent Vang Gogh

Un pequeño paréntesis en la biografía de Oscar: es que ver este libro editado hoy, de título ofensivo y contenido escrito por alguien con la misma mentalidad de la sociedad que condenó a Wilde, me ha parecido demencial. Entre un libro de César Vidal y otro de César Alonso de los Ríos, la editoria Libros libres (sic) nos ofrece esta joya por 18€: